Es extraño,
no acabo de identificar qué ha pasado
Ya no espanto al gato peludo,
me he dado cuenta de que me gusta que viva en el patio, aunque huela mal.
Me resisto a cortar los sarmientos,
que se me enredan en la cara y en el cuerpo cada vez que cruzo esos cuatro metros.
Me asalta: “En las ramas bajas están las hojas nuevas”
(No sé qué importa pero casi no voy a poder remontar las escaleras para tender la ropa)
Me encantan mis cosas que antes consideraba rarezas:
no tener cortinas,
comer en la cocina,
el gusto por lo viejo,
ser feliz porque no tengo que aparcar,
yo qué sé, me caigo bien.
Se me ha desatado un nudo que no era original,
intento adivinar por qué me amarró.